Circula por la redes un artículo llamado El triunfo de los mediocres. Hay cierta polémica sobre su autoría pero parece claro que es David Jiménez quien, en el 2012, publicó el artículo cuyo enlace os adjunto.

Creo que señala cosas tan obvias como contundentes y excelentemente resumidas; y me ha animado escribir unas líneas, que abundan en el concepto de cómo los mediocres se juntan y, como son muchos, en demasiadas ocasiones, consiguen capitanear la nave y hacerla avanzar al ritmo que ellos pueden seguir, desprendiéndose de algo tan “molesto” como el talento de otros.

Cuando leí este artículo recordé, inmediatamente, que hace no menos de 30 años (creo que en Hermano Lobo, pero no estoy seguro) publicaron unas viñetas en la que en varios países aparecía una persona intentando trepar un árbol, un grupo de hombres y mujeres ayudaban, empujando hacia arriba para que lo consiguiera. En todos los países, menos en el nuestro, en el que estos hombres y mujeres no sólo no le ayudaban sino que trataban de impedírselo.

Parece que desde siempre hemos sido conscientes de que para triunfar en nuestro país debemos formar parte de un “clan” o, al menos, no molestarlo.

Esos clanes priorizan sus intereses sobre  los del país o empresa en cuestión y, además, se les consideran los mas “listos”, se les teme y, con demasiada frecuencia, se salen con la suya, que no es otra cosa que frenar todo aquello que ponga en peligro su posición.

No creo que seamos la única sociedad desarrollada en la que se reconocen estos comportamientos tan nocivos, se sabe, se critica… pero ¿hacemos algo para revertirlos? ¿Podemos hacer algo más que reconocerlo y aceptarlo?

¡Creo que sí!

Si somos conscientes de que no siempre o casi nunca ayudamos a las personas más capacitadas. Si somos conscientes de que ellas, las mejores, son las que nos hacen avanzar, las que nos garantizan un futuro mejor… ¿Qué estamos esperando para lanzar campañas de comunicación que nos recuerden día a día lo mal que lo estamos haciendo? ¿Qué esperamos para  introducir en nuestro sistema educativo todo lo necesario para que nuestros jóvenes no tengan complejos en reconocer a la persona más indicada para cada trabajo/circunstancia y apoyarla?

No voy a hacer de estas líneas un España versus otros países desarrollados, primero porque no creo en ello y, sobre todo, porque ¡qué más da!

Lo que sí considero importante es que reconociendo lo perjudicial de estos comportamientos como venimos haciendo desde hace años, no tomemos medidas para revertirlos, para erradicarlos de las culturas de nuestras organizaciones públicas y privadas.

Creo que campañas institucionales como las que se vienen haciendo para concienciar sobre las consecuencias del tabaquismo, alcoholismo, obesidad… y  tantas otros comportamientos de consecuencias muy negativas, serían de gran utilidad para ayudar a corregir este estilo de hacer política, este estilo de hacer empresa.

Hoy, cuando el ritmo al que debemos innovar para competir es más alto que nunca antes. Cuando la imaginación, la creatividad, la valentía necesaria para buscar nuevas soluciones, más eficiencia… etc son esenciales. Necesitamos personas con un perfil bien distinto al que hoy tenemos en demasiadas empresas e instituciones públicas. Necesitamos personas con  talento, capacidad para identificarlo y actitud para respetarlo y apoyarlo.

Los consejos de administración, los CEOs, los dirigentes políticos que estén de acuerdo con esto y quieren introducir en la “cultura” de sus organizaciones el reconocimiento y el respeto a este talento, imaginación, creatividad, valentía… Y evitar los comportamientos que tratan de frenarlos, en mi opinión, pueden hacerlo.

Seguro que los sistemas y exigencias en la contratación, los documentos de bienvenida a los nuevos empleados, la comunicación interna a todo el personal, los sistemas de reconocimiento e incentivos… consiguen en un tiempo razonable revertir sustancialmente esta cultura indeseada.

Como digo, CEOs, Consejos de Administración, autoridades púbicas pueden y, en mi opinión, deben actuar si realmente quieren contribuir a erradicar la mediocridad de nuestras empresas e instituciones públicas.

Cuando empleo el término mediocridad no me refiero a capacidades, no me refiero a coeficientes de inteligencia, que obviamente no deben eliminar a nadie sino simplemente orientar sobre desde donde pueden añadir más valor.

Me refiero a COMPORTAMIENTOS  MEDIOCRES  que hacen que, los recursos más válidos y, en nuestro país los hay de sobra, desarrollen todo su talento sin que estos “Clanes” se interpongan en su camino.

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Manuel Medina

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CEO Mc Dilo | Economista | MBA | Especialista en Marketing y Comunicación
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